miércoles, 15 de octubre de 2008

Aún con yodo ya lo hicimos antes (1811-70)

No es que el folklórico nativo sea un carente de yodo. Tambien puede que sí ya que mediterráneos somos. Entonces, proverbial es que, la mayor de las veces, no nos inquieta lo malo y dejamos de aplaudir lo bueno. Si este hipotético aserto se convirtiera en 
una verdad aceptable  sería el factor explicativo de primera línea de la endeble capacidad politica del conciudadano para crear opciones de avance y menos aun de mantenimiento en el campo de los acuerdos nacionales. 
Siempre  se intentó acordar entre agrupaciones de diversos estratos. Así dice y lo demuestra la historia. Tambien cuentan los archivos que de esos  acuerdos solo quedan deshechos irrecuperables, tanto como vitales resentimientos entre sus desafortunados otroras protagonistas sobrevivientes. Mas grave aun es que la prolongación genética  y/ó política de los deficitarios acordadores de ayer aun alberga (solo algunos) amurallado espíritu de convivencia. Esas individualidades retardatarias del gran acuerdo nacional tienen gran poder vinculante y de efectiva$ convicciones sobre casi todos los referentes de algunos grupos y/ó subgrupos empresariales y políticos como entre los diversos sectores sociales del país, como ser obreros, campesinos, empleados ejec utivos de alto nivel, comunes, lideres sindicales, medios de comunicación,etc. 
Luego del cambio de hombres de 1989 el sistema de agobio popular y privilegios de contramano para unos pocos, el ajetreo político sobreviniente comprobadamente demostró que la yodística influencia es fuerte contribuyente al mantenimiento de nuestro feudalístico esquema de convivencia donde los privilegios sociales y la propiedad  solo están al alcance de fuertes grupos decisorios. 
Esos fuertes grupos de alto poder de decisión,hasta hoy, 1989-2008, han cedido mezquinos aportes de alcancía en un país detentador del deshonroso titulo del más atrasado y corrupto del mundo, titulo que dentro de su avaricia harpagónica comparten con la dejadez y tolerancia máxima de nuestro desenyodado pueblo mas que refacil de manejar  además mediante cuasi limosnas de los intangibles grupos crematísticos consolidados a partir de 1947. 
Un acercamiento entre ahítos y hambrientos de trabajo digno, de alimentos y de justicia social
puede desembocar finalmente en una rearmonización en las relaciones de esos estados tan desiguales. En la sociedad donde conviven son los grupos mas fuertes los primeros en verse beneficiados por conducto de una nueva productividad honorablemente compartida. Bien yodados y mal yodados pueden rehacer, de a poco, la soberanía y dignidad que construyó el Dr.Francia hace 160 años,cuando el prócer señaló el camino patrio dentro de un respeto absoluto entre los sectores que en otros paises, supuestaamente lideres mundiales, se mataban, en tanto que aquí en el Paraguay, autoabastecido, convivian civilizadamente.

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