miércoles, 17 de septiembre de 2008

Él, el Supremo (tercera entrega)

       Sobre el supremo se abatieron criticas cuya diversidad es reconocible en españoles; pro-españolistas, porteñistas, ubicados dentro del país, del continente y de la misma Europa, cuya animaversión se destacó en su época y mucho después aún de su desaparición. Se puede decir que hasta ahora, no obstante, que estudios serios de investigadores responsables están recolocando a Francia en el nivel que le corresponde.

         No se debe dejar de tener en cuenta que en los inicios del siglo XIX, el Paraguay ya soportaba tres centurias de ocupación española. Destruir ese sistema esclavista, explotador, excluyente y plutocrático fue la tarea ciclópea que encararon los partidarios de realizar la independencia política y económica de la población, el derecho del asilo, desmantelación del sistema feudal, etc.

         Entre algunas de sus frases vectoras se recuerda aquellas de: “...yo antes quiero  morir que ver de nuevo a mi patria oprimida y en la esclavitud...”.

         Tres siglos de una política de conquista, dominio y explotación extremadamente cruel e insensible, debió dejar, obligatoria pero nunca irreversiblemente, los impactos e improntas de enseсanzas, comportamientos y de vivencia donde el soberano (el monarca) era el dueсo de vida y haciendas, así se procedía.  

 

         Imposiciones económicas, impositivas, religiosas, educacionales y de obediencia debieron ser trastrocadas en actitudes de consideración y reflexión sobre todo lo nuevo y conveniente al cambio profundo que provendría luego de la deposición del gobernador Velazco en mayo de 1811.

         El discurso de Francia en junio del mismo año indica muy claramente que buscará e implantará la liberación de su patria. “...Los paraguayos han sido vilipendiados y postergados indignamente durante tres siglos...”, “...han pasado ya esos tiempos de opresión y tiranía...” “... Formaremos una valla inexpugnable ante los abusos del Poder...”, “....el terreno está desmontado: ahora es preciso cultivarlo, sembrando la semillas de la prosperidad...”.

         Cuando Belgrano, el porteсo, culto y patriota con quien entrambos se profesaban admiración enteróse que su amigo Francia había renunciado a la Junta de Gobierno, le escribió diciéndole “...їhe de persuadirme que mi amigo el Dr. Francia, en que concurren, talento, probidad, virtudes, y que es el único capaz de dirigir el timón de su Patria, lo abandone?.

         El Supremo hacía poco se había retirado de la Junta, molesto por supuestas o reales pretendidas imposiciones de los militares. Sus compaсeros de Cabildo, por escrito le suplicaron su vuelta. El, entonces, sin aceptar ni rechazar su vuelta en una brillante respuesta basó las condiciones en todo caso y en todo lugar la supremacía del poder civil sobre un posible intento de planteo militar el que como grupo nunca debiera trascender a la subordinación permanente.

         La tal respuesta, solo aparentemente indecisa, provocó la desafectación inmediata del grupo uniformado que pretendía lograr preeminencia en las deliberaciones y resoluciones del gobierno civil. La respuesta del Supremo hoy es parte de un documento que alberga posiciones y orientaciones definitivas sobre el rol que deben cumplir los grupos de poder o de presión dentro de los gobierno republicanos.

         El orden y la disciplina, respeto y observancia de los roles de cada entidad o corporación hacia los fundamentos de la República fueron muy tomados en cuenta desde aquel Setiembre de 1811.

         Poco antes, nomás, en junio del mismo aсo, al constituirse la nueva Junta, el Dr. Francia firmando con Juan Valeriano de Zevallos, ante  miles de congresistas campesinos, expusieron el pensamiento filósofico-político dentro de cuyos marcos debía desarrollarse la convivencia de la ciudadanía y la guarda permanente de los alores republicanos y nacionales.

martes, 16 de septiembre de 2008

Él, el Supremo (segunda entrega)


   (El 20 de septiembre se cumple el 168 aniversario de la muerte de El Supremo.)

Las propiedades y sus títulos en manos de inoperantes ya sean jerárquicos, simples funcionarios de gobierno o comunas fueron registradas a nombre del Estado y redistribuidas entre campesinos carentes que fueron severamente dirigidos y controlados para explotarlas concientemente, los que convertidos en usufructuarios-productores también debieron pagar sus impuestos nunca gravosos sino como método educativo para contribuir con gusto y solidariamente con las obras del Estado.

         Todas las medidas reestructurales que engrandecería evolutiva y revolucionariamente a un pueblo sencillo pero orgulloso no fueron tomadas en vano por el colonialismo, corriente mundial con fuertes alianzas en las clases altas y negociantes privilegiados. Por el contrario, esas doctrinas y sus agentes ya propugnaban la destrucción del Paraguay.

         En los 26 años de gobierno unipersonal francista no faltaron las conspiraciones que a su vez y a su tiempo fueron alentados por esas clases de españoles, pro-españolista porteño, portugués, ingleses y también yanquis.

         No se descarta, incluso ya la citamos al pasar, que internamente la clase alta, poderosa, aristocrática, una fuerte minoría, como en cualquier parte del mundo de ayer y de hoy, conspiraba contra la persona y las obras de Francia, incluso probadamente hasta 25 años después de su muerte (setiembre/1840).

         En verdad, españoles desalojados, descendientes de confiscados, haraganes, delincuentes, oportunistas y políticos siguieron conspirando conformando una legión extranjera paraguaya  en Buenos Aires, incorporándose al ejército de la triple entente que provocó la guerra de exterminio contra el Paraguay (1865/1870). En verdad fue una Cuádruple Entente.

         Ese genocidio perpetrado un cuarto de siglo después de la desaparición física del supremo, causa hasta hoy una automática repulsa visto que se conocen comprobadamente que los vecinos colindantes solo esperaban la época oportuna-tiempo y circunstancias-para comenzar la operación de exterminio del Paraguay (acuerdo secreto de la Triple Alianza). Fue en vano el intento de negociar honrada y patrióticamente el fin de las hostilidades (Entrevista de Yatayty Corá 1868). Bartolomé Mitre, el Generalísimo. De los ejércitos aliados quien había sostenido en Buenos Aires que en cinco meses sitiarían Asunción, desestimó un convenio con el Mcal

 López al que sólo pudieron asesinar en Marzo de 1870, masacrando al 90% de la población en un quinquenio.

         Afloraba así el verdadero propósito de esta hecatombe sudamericana; el objetivo era destruir la soberanía paraguaya tan substancialmente apoyada por el pueblo guaraní. Esa cruel verdad que se quiso disfrazarla con la cínica frase inglesa-mitrista de que la “guerra no era contra el Paraguay solo era contra el tirano López”.

         La relación comparativa de los hechos, antes, durante y después del largo gobierno de Francia nos induce a exponer la teoría de que la guerra fue verdaderamente  ejecutada para acabar con el país Francista y fundamentalmente con el pensamiento y cultura del Paraguay de entonces.

         El modelo de Francia: hacer del Paraguay un territorio independiente de las metrópolis dominantes fue un aviso que tuvo suficiente eco en los imperios hispanos, británicos y sus seguidores de países colindantes.

         Los aliados convenidos en destruir al Paraguay debieron aguardar un cuarto de siglo para accionar bélicamente contra el Paraguay. Es que a la muerte del Supremo (1840) le sucedió un Consulado que si bien reabrió las fronteras o mejor redujo las exigencias para acceder al país, también prosiguió con firmeza, severidad y autoridaddad la tarea de gobernar y consolidar el ascenso de un país ya convertido en sólida nación, cuya identidad no exhibía grietas incorregibles.

         Luego del horrendo holocausto, el Paraguay (1865/1870) territorialmente perdió más de la mitad de sus dominios claros hasta entonces, o sea unos 700 mil Km.2. El Laudo (1878) del Presidente Rutherford Hayes canceló las pretensiones porteñas de quedarse con las tierras al norte del Río Pilcomayo.

         Medio siglo después (1932/1935) la increíble pero cierta guerra del petróleo entre Paraguay y Bolivia, reúne dos fenómenos de resurgimiento, pertenecencia y solidaridad continental. En el norte, en la metrópolis mercantil, petrolera e imperialista, en la propia Washington, un Senador, Mr.Long, reclama detener la guerra entre dos pueblos vecinos y amigos.

Denuncia y exige el legislador ontinental. En el norte, en la metrуpolis mercantil, petrolera e imperialista, en la propia Washignton, un senador, Mr. Long, reclama detener la inea los poderosos señores de la Standard Oil Co.; Lo acallaron al Senador solidario y solitario; fue asesinado en vía pública dentro de su periodo de críticas.

En tanto, como decíamos, las tropas paraguayas, campesinas en su mayoría, se animaban a retomar y rebasar líneas adversarias al ritmo y vigor del slogan “ñande ybyre irungüera”  cuya brevedad no amenguaba, sino que destacaba toda una política de distribución, uso, impuestos y propiedad (enfiteusis) de la tierra concedídaseles a sus antepasados durante el período francista. La traducción literal del slogan guarani dice  nada menos “por nuestra tierra compañeros”!!!. Al campesino paraguayo de 1930 no se le olvidaba que el “Doctor” les había entregado tierras a sus antepadados con su decreto personal y verbal “ko yby nde mba’e he hechukáramo rembaapo jha jhese” frase guaraní que traducida decretaba algo así cómo “esta tierra es tuya para siempre si demuestras que la trabajas y atiendes bien”.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Él, el Supremo.

             (El 20 de Septiembre se cumple el 168 aniversario de la muerte de El Supremo)

Tratar de presentar un trabajo interpretativo del principal símbolo de la emergencia como nación soberana del Paraguay como lo fue el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia es una permanente recurrencia a testimonios recogidos y expresados verbalmente o escritos, de políticos, parientes, connacionales, extranjeros y sus prolongaciones generacionales.

         Hasta hoy día, justo es decirlo, los elementos y materiales de investigación sobre su persona, sus ideas y sus obras no forman un sólido bloque de informaciones metódicamente clasificadas, porque aparentemente no son todas ya que la recolección no ha terminado.

         La falta de ordenamiento de la mayoría de los argumentos utilizables obedece a que, ellos están dispersos. Los que oficialmente han sido obtenidos, ordenados, y estudiados, sumados a los de Europa, principalmente Inglaterra, Francia, EE.UU., Italia sirven para aclaraciones más objetivas sobre la universalidad del francismo y nuestro país, sus circunstancias históricas y su hostil entorno fronterizo.

         Vale recordar los esfuerzos individuales de investigadores connacionales que con escasa asistencia oficial o aún sin ella, se empeñaron en investigar y a la vez editar trabajos que han expuesto con sus humanas disensiones sus criterios sobre la personalidad, pensamiento político y obras de gobierno del Dr. Francia.

         Referentes intelectuales pertenecientes a sectores de la clase alta paraguaya muy afecta a los ideales rioplatenses, entiéndase Bs. As., no han podido más que sumarse a las duras criticas provenientes del Sur hacia todo lo que significaba entonces, incluso ahora, la consolidación de la soberanía nacional. Si esos son los grupos que profanaron la tumba y ocultaron los restos del Dictador es lógico pensar que les fue más fácil ocultar los documentos que lo favorecían y por el contrario suscribieron una campaña integral contra el origen, el carácter y las obras del Dr. Francia.

         Buenos Aires siempre intentó controlar política y militarmente a sus propios caudillos del interior y sus vecinos. Paraguay, también codiciado por los portugueses y muy seguramente por el deseo de permanecencia y control de la corona española, fue el destino de una fuerza expedicionaria comandada por el porteño Manuel Belgrano.

         La fuerza bonaerense muy bien equipada venía con indudables afanes de conquista, en días y momentos que aún no se había concretado el…

Alejamiento del gobernador Velasco, español representante del soberano peninsular. Francia, por entonces ya tenía alguna trascendencia, era Alcalde de Primer Voto de Asunción.

         Varios años después del afán de conquista por la fuerza del Paraguay y las derrotas porteñas de Belgrano en Cerro Porteño y Tacuarí, la ambición desaparecería aparentemente en cuanto a su método o expresión militar para traducirse en declarado odio hacia  el Dr. Francia y en el bloqueo excesivo, con clausura incluso, del derecho a la libre navegabilidad de los ríos.

         Es que en Paraguay, al revés de lo que ocurría en todo el sur, sumido en la anarquía a través de la insurgencia de sus caudillos locales y regionales, se estaba organizando, “aplicada y disciplinadamente”, en orden, sin alteraciones sociales una serie de medidas político-jurídicas no practicadas ni pensadas explícitamente en las regiones colindantes por entonces ya fuertemente influidas y en todo caso dominadas por la creciente consolidación del imperio inglés.

         El receptor de todas las críticas fue, entonces-incluso hasta ahora- el Dr. Francia, símbolo y guía inflexible de su pueblo para imponer la independencia, la soberanía de la República y el derecho a su autodeterminación.

         La decisión de mantener el orden y la seguridad, comprobadamente exitosa a través del reconocimiento general, entonces, después y ahora, acompañaba de un crecimiento, transparente y revolucionario de su economía despertó e incitó rápidamente a los países colonizadores a aumentar los controles sobre ese “desconocido país y su cruel Dictador” que se permitía operar libremente y conforme a los intereses de su pueblo.

         El Dr. Francia, estudioso y práctico, tenía perfectamente esclarecida la injusta relación de capital y trabajo, en cuanto a la distribución armónicamente legal del producido de ambas fuerzas. Implacable enemigo de la acumulación y de la concentración indebida de la riqueza no trepidó en garantizar los derechos de las fuerzas concurrentes. Canceló los abusos de los poderosos.

         Las expropiaciones de los bienes de españoles monarquistas la produjo Francia vía manus militaris. Su gobierno hizo inventario de lo apropiado, masa de bienes que fue distribuida entre la gente necesitada ya de usarlos y el Estado para reorganizarlos en cuanto a su función social.

(2da entrega, mañana 16 de Septiembre)