martes, 14 de abril de 2009

Funerales del Dr. Francia (3ra entrega)

El segundo tiro de ambos cañones resonó al salir la tumba de Palacio, el tercero a la primera posa, el cuarto al dar la vuelta en el martillo del numero siete dicho que formaban las tropas en la plaza, el quinto al enfrentar la esquina del Cuartel de dicha Plaza, el sexto al subir sobre el entablado colocado sobre el charco que desagüe en la compañía, el séptimo al llegar a las gradas del pretil de la iglesia, el octavo al entrar por la puer ta mayor de la referida iglesia, el nono al depositarlo en el Presbiterio. El mesurado y lento paso con que caminaba, el arreglado orden de la tropa ante quien desfilaba la particularidad mas decente en dos alas, tomando una considerable longitud, la multitud inmensa de Pue blo que por ambos costados las cubrían, de ambos sexos, y de todas edades, el mucho mayor gentío que ocupaba el pretil, y corredores de la igle sia, los que colocados sobre los techos de las medias aguas tiradas al Norte de dicha iglesia, y que forman un martillo hacia el Río; infundía terror no se desplomasen con el excesivo peso que sustentaban, y finalmente hacia cualquiera parte que se dirigía la vista aun a la mayor distancia sin intermisión encontraba reuniones tan considerables como difíciles de numerarlas, presentando la multitud de trajes, objetos y personas el laberinto mas encrespado, difícil de acertar el entendimiento a delinear con fijeza el menor móvil que a la vista presente tenia. Aquí el estruendo del cañón, allí el de la Infantería, acullá

el continuo movimiento, y murmullo de las gentes, a. esta parte el llanto y gemidos, a la otra sueltos los cabellos, las mujeres desaforadamente deprecando su dolor; todo era confusión, llanto, ge midos, estruendo, voces, suspiros y sollozos, espectáculo digno a. la verdad de ser transmitido a las mas remotas generaciones, como en efecto lo será, y en los anales de la Republica del Paraguay se con ser vara con admiración, el tierno amor, máximo cariño respeto y veneración con que el Pueblo Paraguayo supo idolatrar a su dictador, y llorar su muerte con verdaderas lagrimas del mas sensible sentimiento. Depositado el Soberano Cadáver en el Presbiterio, ocuparon los escaños colocados en la principal nave del Templo, las lucidas y angustiadas tropas de Lanceros, y Caballería, como también los Granaderos en fiel custodia del padre a quien lloraban perdido; la Infantería formada en alas desde la puerta mayor de dicha iglesia ocupaba largo espacio del pretil, rompió una descarga como así mismo los dos cañones al empezar la solemnísima misa canta-da celebrada de cuerpo presente, repitieron las descargas al Sanctus, tres al alzar, al requies cad in pace, otra, al fin del ultimo response-, otra, y la ultima al depositar el Augusto Cadáver en el Mausoleo donde yace; este ultimo paso como que finalizaba el suntuoso entierro, es el mas difícil de explicación porque allí el estado eclesiástico, y se cular, Señores Comandantes, Militares, Oficiales subalternos, Jueces Comisiona-dos y Encargados de Campaña, soldados, jóvenes, muchachos, y viejos, apiñados se atropellaban, y confundían todos con el deseo de ver por ultimo al que perdían para siempre. Aquí resonó el llanto general, levantando sus voces a tal extremo, que no se acertaba a oír mas que un estruendo tal que aturdía los sentidos: a. la una y media de la tarde finalizaron las augustas ceremonias del suntuoso entierro, mas no las lagrimas, y general consternación, las

que no se enjugaron hasta el veinte y cuatro del mismo mes en que por acta, pública se hizo saber al Pueblo reunido en la Plaza, de Armas, en que concurrieron todos los cuerpos de tropas regladas, que teníamos Soberano en la exma. Suprema Junta provisoria compuesta de un Señor Presidente,, y cua tro Señores vocales, mas conocidos por sus amables cualidades que por su nueva dignidad, el golpe de sonora música velicos instrumentos desplegadas las banderas hicieron resonar por todo el con-curso, las vivas y aclamaciones, dando mil parabienes por tan dichosa instalación, pues colmaba su júbilo el ver colocados en el Soberano cuerpo gubernativo, a los mas queridos. Amados y respetados sujetos que años ha habían ejercido honoríficos cargos con la ma yor complacencia de todos. Los individuos de la Republica, estos Señores son el Señor presidente Manuel Anto nio Ortiz Alcalde primer Juez Ordinario cuyo cargo ejercía hacia muchos años. El Señor Comandante del Cuartel de la Plaza, y Capitán de Artillería Agustín Cañete. El Señor Comandante del Cuartel del Hospital Pablo Ferreyra. El Señor Comandante del Cuartel de San Francisco, Francisco Miguel Mal-donado. Y el Señor Comandante del Cuartel de la Rivera Gabino Arroyo; habiéndose dichos señores unidos en Junta en el momento del fallecimiento del Dictador, que en gloria sea, toma-ron las mas serias y sapientísimas providencias, han conservado el orden, paz y tranquilidad tan difíciles de conseguirse en semejantes casos, con su prudencia y acendrado patriotismo, han sabido evitar todos los males, que trae consigo anexos la repentina mudanza de Gobierno, han demostrado con bastanteclaridad, que no en balde habían gozado de la Suprema confianza, de nuestro finado Soberano; y la de la Republica, y han sabido desempeñar en sumo grado las superiores funciones de padres de la Patria, trabajando incesantemente

por el bien, quietud, orden y. felicidad de todos los hijos de esta afligida madre, aun llorosa de la perdida de su augusto hijo Francia, y la que enjugando sus lagrimas se mira felicísima en sus nuevos dignísimos hijos, prometiéndose las mas lisonjeras esperanzas, de sus desvelos, ya publicas por su mayor profundidad


No hay comentarios: