jueves, 11 de septiembre de 2008

Sus últimos momentos.




 La ultima imagen que conservo de mi padre es la de un combatiente vigilante de ventana en ventana, alentando a los miembros de su guardia personal, y sin perder el sentido del humor en esos momentos aciagos, tirandole con su ametralladora a los tanques de los golpistas. Al comienzo de los ataques se le propuso que usara un chaleco a prueba de balas. El rehusó diciendo: “Por qué?” Soy combatiente como los otros.”

De una cosa estoy segura: mi padre no se suicidó. ¿Quién lo mato? Uno de sus compañeros, que se quedo con el, pero que no pudo salir después, me dijo que fue un capitán que no pudo identificar. Una estación de radio menciono a un tal Garrido o Gallardo. Poco importa el nombre del asesino, las dos versiones concuerdan. Hay otro testigo, de los últimos momentos de Allende, y puede mencionarse su nombre: su secretaria Mirian Contreras, herida de gravedad y que fue llevada a un hospital militar. No hemos tenido ninguna noticia acerca de su estado.

 “La noche anterior había cenado con mi padre, estaba muy preocupado y esperaba graves conflictos. Había convocado al ministro de Defensa, del interior y al Director de Investigaciones, al Jefe de Policía, pero nunca se imagino que se precipitaran los acontecimientos. Yo me aleje por unos minutos.

 “A las 7 de la mañana recibió una llamada telefónica y le informaron de la sublevación de la infantería de la Marina, estacionada en Valparaíso. A las 7:30 AM llego al palacio de la moneda acompañado de  su escolta personal. A las 8 AM al comprender lo difícil de su situación, emitió por radio un comunicado a la resistencia popular, urgiéndoles a que ocuparan los lugares donde trabajaban.

“Cuando llegue – a las 9:15 AM- se oían disparos, pero fue a las 9:30 AM que comenzó el ataque. Mi padre respondió a esos ataques con las armas que disponía: una o dos bazookas y ametralladoras. Desde el inicio del combate todos los componentes de la guardia “oficial” habían abandonado La Moneda. Los tres edecanes de mi padre también se marcharon, y uno de ellos perteneciente a la marina, ofreció mas adelante sus servicios a la Junta. Allende solamente confiaba en su guardia personal integrada por militantes del partido socialista, algunos policías leales y sus colaboradores más cercanos, en total unas 40 a 50 personas.

 “Mi padre estaba asombrado ante la coordinación, la precisión y la brutalidad de los atacantes militares. Se sentía desilusionado por no haber solucionado las controversias en el seno de la armada, y la ayuda a los cuerpos leales, pues en estos podía confiar. Mi padre sabía que la huelga del transporte y el asedio de las tropas atacantes hacían imposible la llegada de refuerzos proveniente de los obreros, y desde el inicio del ataque comprendió que no tendría ayuda del exterior.

 “Hubo una calma durante varios minutos. A las 1:45 PM La Junta le comunico por teléfono su ultimátum: si Allende no abandonaba el Palacio en veinte minutos, la aviación atacaría. Mi padre nos reunió a todos en el salón Toesca y allí nos expresó: he tomado esta decisión: permaneceré aquí hasta el final. Me facilita un avión para abandonar el país. Yo rechace ese ofrecimiento. Esto seria más infame que la actitud de esos generales traidores. A los pocos instantes mi padre dijo que en las Revoluciones no son necesarias las muertes inútiles, y exigió a las nueve mujeres que nos encontrábamos ahí y a algunos de sus colaboradores, que abandonáramos el palacio, pues pensaba que deberían salvar sus vidas. A los que se quedaban les exigió pelear hasta el último minuto. “Quizás esta sea la ultima batalla de Allende pero es la primera contienda de la revolución Chilena y será la vida a seguir en el futuro. Se cierra una pagina de nuestra historia, pero la siguientes serán escritas por el pueblo chileno y por todos los países de América latina.”

 “A finales del mes de julio, mi padre había dicho a un grupo de sus amigos, y entre estos se encontraba Aníbal Palma, que murió con mi padre en La Moneda.Tengo 65 años y seria demasiado convertirme en un dirigente de clandestinidad. Rechazaría siempre ser un presidente en el exilio. No toleraría la persecución. Los mas jóvenes serán los que organizaran la resistencia.”

“Abandone La Moneda al mismo tiempo que las otras mujeres exceptuando a Mirian Contreras, y los militares nos dejaron pasar. Los hombres que venían con nosotras fueron apresados, pero fueron liberados después. Se que Almeyda, Ministro de Asuntos Exteriores, José Toha, antiguo Ministro del Interior y de la Defensa Nacional, Juan Garcés y Claudio Jimeno, consejeros políticos de mi padre fueron apresados e internados en la escuela militar y mas adelante me entere que a Toha se le envío en un helicóptero a u lugar desconocido, no hemos sabido nada de el.

 

 “Me entere de lo que sucedió en La Moneda después que la abandoné por unos de los médicos de mi padre, quien se quedo hasta el final, y quien los militares dejaron en libertad después de un extenso interrogatorio.

 “Los tanques derribaron el portón principal del palacio y penetraron en el patio interior seguidos por mas de 100 soldados. Mi padre pidió a sus guardias que se rindieran, pero estos rehusaron, La mayoría murieron con el lucharon, a las 2 de la tarde, y los que quedaron con vida fueron fusilados en el palacio.

 “Los militares enterraron a mi padre muy rápido y solamente vieron su tumba mi madre y mi tía Laura. Los militares las hicieron venir ante el Hospital Militar y las hicieron esperar media hora ante las rejas, y sin que nadie les dijera nada, y las enviaron directamente al aeropuerto. Al ver una sabana cubriendo su cuerpo, mi madre comprendió que Allende estaba muerto. Ella creía que estaba herido o encarcelado. Nadie le dijo nada. Siento odio por tratar de este modo la esposa de un hombre asesinado.


15-10-73 –Declaraciones de Isabel Allende a Regis Debray.

Periódico “Ahora” nº 518 Santo Domingo, Republica Dominicana.

Extraído de la obra: “Salvador Allende” escrita por Enrique Lafourcade.

Editorial Grijalgo. Barcelona-España 



No hay comentarios: